El Camino que hizo Europa: checos y compostelanos, una cita de cinco siglos

Jun 23, 2026

Por J. Julio Moreno

Quien recorre hoy el Camino de Santiago se cruza tarde o temprano con un peregrino checo. La escena se repite tanto que ya no sorprende a nadie. Cada año, varios miles de checos completan alguna de las rutas jacobeas, una cifra modesta si se compara con el conjunto —el Camino reúne ya a más de 500.000 caminantes anuales de todo el mundo, según los datos de la Oficina del Peregrino de Santiago de Compostela—, pero significativa para un país de apenas once millones de habitantes y sin tradición jacobea tan visible como la de sus vecinos centroeuropeos. Detrás de ese encuentro casual hay una historia de más de quinientos años, y una idea que conviene rescatar: el Camino no construyó solo una devoción. Construyó Europa.

Una ruta, muchas fronteras

En la Edad Media, Santiago competía con Roma y Jerusalén como destino mayor de la cristiandad. Llegar hasta Galicia desde Bohemia significaba meses de viaje, montañas, ríos, idiomas desconocidos y territorios gobernados por señores que no respondían ante nadie más que ante sí mismos. No existía una Europa unida. Existían, eso sí, caminos que la atravesaban igual.

Por esos caminos avanzaban también los checos. Y ahí está el primer dato que conviene subrayar: la fe los movía, pero no era lo único que se llevaban de vuelta a casa. Cada jornada de marcha era también una lección de geografía humana. Lenguas distintas, costumbres distintas, noticias que viajaban de hospital en hospital y de monasterio en monasterio. El peregrino salía a buscar una tumba y volvía habiendo recorrido medio continente.

El bohemio que llegó al fin del mundo

Existe un testigo excepcional de aquel tiempo: Václav Šašek de Bířkov, noble y cronista del siglo XV. Entre 1465 y 1467 formó parte de la expedición de Lev de Rožmitál, un viaje que cruzó Alemania, Francia, Inglaterra, España y Portugal, llegó a Santiago y siguió hasta Finisterre —entonces, literalmente, el extremo del mundo conocido.

Šašek dejó constancia de todo en su Diario del viaje y peregrinación de Lev de Rožmitál desde Bohemia hasta el fin del mundo, una de las grandes crónicas de viaje de la Europa medieval. Y aquí está lo que más importa para entender el espíritu de aquella aventura: sus páginas no son un tratado piadoso. Hablan de castillos y mercados, de paisajes y ceremonias, de la curiosidad por las gentes que iba encontrando. Es, antes que nada, el relato de alguien que quiso conocer un continente entero y lo consiguió a pie y a caballo.

Siglos más tarde, el escritor checo Alois Jirásek convirtió aquella hazaña en novela histórica: Desde Bohemia hasta el fin del mundo (Z Čech až na konec světa). Gracias a esa obra, la memoria de la expedición de Rožmitál no se quedó en los archivos: pasó a las nuevas generaciones checas como una de las grandes aventuras de su historia. De Bohemia al Fin del Mundo

La misma llamada, otro mapa

Hoy la fórmula ha cambiado, pero la pulsión sigue intacta. Muchos peregrinos checos eligen actualmente el Camino Portugués, atraídos por su trazado, la cercanía del Atlántico y la posibilidad de arrancar en Oporto. Donde antes había meses de marcha por media Europa, ahora hay un vuelo y unos días de camino. La paradoja es evidente, y también hermosa: lo que ha cambiado es el medio, no el impulso.

Porque la motivación religiosa sigue ahí —para muchos, sigue siendo el centro—, pero ya no agota el porqué de la peregrinación. Lo que buscaba Šašek en el siglo XV es, en buena medida, lo que sigue buscando un caminante checo del siglo XXI: salir al encuentro de otros, entender una cultura distinta, y de paso entenderse un poco mejor a sí mismo.

El argumento de fondo

Hay una frase que circula desde hace tiempo en los ambientes jacobeos: «Europa se hizo peregrinando a Compostela». Se la atribuye habitualmente a Goethe, aunque ningún investigador ha podido confirmar con un documento que él la escribiera o la pronunciara realmente. Puede que sea suya. Puede que no. Pero la incertidumbre sobre su autoría no le resta fuerza a lo que dice, porque la idea resiste sin necesidad de firma: durante siglos, las rutas hacia Compostela cosieron a fuego lento un continente fragmentado por guerras y fronteras.

Esa es, en el fondo, la verdadera continuidad entre el siglo XV y el XXI. Cuando un peregrino checo comparte hoy mesa, conversación o unos kilómetros con un caminante español, portugués, alemán o coreano, no está haciendo algo nuevo. Está repitiendo, con otro pasaporte y otro medio de transporte, el mismo gesto que Šašek describió hace más de cinco siglos: el de una Europa que aprendió a conocerse caminando.


Nota: la novela de Jirásek llama al cronista «Václav Šašek de Mezihoří», pero ese apellido corresponde a una identificación errónea que circulaba en su época: durante mucho tiempo se le confundió con un miembro de la familia Šašek de Mezihoří, error que el propio Jirásek no llegó a corregir. La investigación histórica posterior estableció que el verdadero nombre del cronista fue Václav Šašek de Bířkov, la denominación que sigue este artículo y que usan hoy los estudios especializados. Basada en crónicas reales del siglo XV, la novela narra la gran expedición diplomática del noble Lev de Rožmitál y su comitiva a través de las cortes de Europa medieval hasta llegar a Santiago de Compostela y Finisterre.

Fuentes: Václav Šašek de Bířkov, Diario del viaje y peregrinación de Lev de Rožmitál desde Bohemia hasta el fin del mundo; Alois Jirásek, Desde Bohemia hasta el fin del mundo (Z Čech až na konec světa); estudios históricos sobre las peregrinaciones medievales centroeuropeas y las rutas jacobeas; documentación de asociaciones jacobeas de la República Checa.